Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 12
El antiguo teatro parecía un lugar sacado de una película de terror. Las luces exteriores parpadeaban, y un cartel desgastado anunciaba el evento de la noche: un desfile de lencería que, según los informes, servía como fachada para recaudar fondos para el culto. Cooper y yo llegamos vestidos para mezclarnos con los asistentes, con micrófonos ocultos y cámaras diminutas integradas en nuestros accesorios. Nos encontrábamos en un estacionamiento dentro de un vehículo sin distintivos, revisando los últimos detalles antes de nuestra infiltración.

—Recuerda, esto no es un juego— dijo Cooper, ajustándose el micrófono oculto en su camisa. —Si algo sale mal, seguimos el protocolo y salimos de inmediato. No vamos a convertirnos en mártires.

Asentí mientras me colocaba un diminuto auricular que nos mantendría conectados con el equipo de apoyo.

—Entendido. Pero necesitamos respuestas. Este culto está más organizado de lo que parece, y no podemos permitirnos perder esta oportunidad.

El teatro estaba rodeado por un grupo reducido de detectives encubiertos y oficiales locales que mantenían una vigilancia discreta desde las sombras. La fachada del edificio mostraba signos de abandono, con ventanas rotas y grafitis que apenas ocultaban la actividad inusual en su interior. Las luces tenues y los murmullos provenientes del lugar eran suficientes para confirmar que algo estaba ocurriendo.

—Mantén la calma y sigue el plan—me recordó Cooper, ajustándose la corbata en un gesto que denotaba su habitual profesionalismo.

Ambos estábamos disfrazados de forma elegante. Cooper llevaba un traje oscuro, lentes de prescripción y una barba falsa. Yo me había puesto un vestido negro largo y una peluca rubia que llevaba atada en una trenza, y lentes de prescripción que me cubrían media cara. Esta ropa nos hacía parecer como parte del público y unos posibles donantes generosos y miembros del culto acaudalados, algo que podría ser importante para este tipo de gente. Los dos estábamos preparados.

—Sí, lo tengo claro—respondí, intentando ocultar la inquietud en mi voz. La idea de infiltrarnos en un evento del culto, un desfile de ropa interior destinado a recaudar fondos, me parecía surrealista. Pero era nuestra mejor oportunidad para obtener información valiosa.

Entramos al teatro, donde la atmósfera vibraba con un aire de expectación. Las luces tenues iluminaban la sala, resaltando los rostros ansiosos y emocionados de los asistentes, que llenaban las filas de asientos. En el escenario, un grupo de modelos se preparaba para desfile, el ambiente era sofocante y casi hipnótico. La música electrónica retumbaba y las paredes estaban decoradas con símbolos oscuros que parecían ser una mezcla de iconografía religiosa y elementos satánicos. Modelos vestidas con atuendos provocativos desfilaban por una pasarela iluminada tenuemente, mientras los asistentes —muchos jóvenes, posibles empresarios locales, figuras aparentemente acaudaladas y otros sospechosos— observaban con interés.

—Mantenemos la comunicación abierta—dijo Cooper en un susurro, mientras nos dirigíamos hacia un rincón estratégico. Desde allí, teníamos una buena vista del escenario y de la audiencia. Los murmullos de la multitud se mezclaban con las risas y los gritos entusiastas.

El desfile comenzó y las modelos aparecieron una tras otra, luciendo lujosos conjuntos de lencería, mientras un hombre con un micrófono hacía comentarios entusiastas, animando a la audiencia a contribuir generosamente. Cooper y yo intercambiamos miradas, reconociendo la manipulación psicológica que estaba en juego.

Mientras el desfile continuaba, decidimos dividirnos para obtener una mejor perspectiva. Cooper se movió hacia la parte trasera del teatro, donde los organizadores parecían estar coordinando el evento. Yo me quedé en la audiencia, intentando escuchar las conversaciones y captar cualquier detalle que pudiera ser útil.

Las conversaciones alrededor de mí giraban en torno a la doctrina, la recaudación de fondos y el ambiente festivo. Sin embargo, había un grupo de jóvenes en particular que llamó mi atención por su actitud descuidada. Un par de hombres en trajes oscuros conversaban en voz baja, sus miradas fijas en las modelos en el escenario. Mi instinto me decía que eran miembros del culto, y decidí acercarme un poco más, asegurándome de no ser demasiado obvia.

—Mantente alerta— susurró Cooper a través del auricular oculto en mi oído. —Este lugar está lleno de ojos.

Lo seguí con la mirada y nos dirigimos al bar para no llamar la atención. Mientras pedíamos bebidas, él un whisky seco y yo un martini, observé a un hombre en el balcón superior, rodeado de guardaespaldas. Su silueta destacaba: vestido con un traje oscuro y lentes de prescripción, y sus movimientos denotaban arrogancia. Cooper lo notó también.

—¿Ese es nuestro hombre?— pregunté en voz baja.

—Podría ser el pastor o alguien muy cercano a él— respondió Cooper mientras fingía revisar su teléfono.

De repente, una mujer se acercó a nosotros. Su sonrisa era cortés pero calculadora.

—No los había visto antes. ¿Primera vez?— preguntó con un tono inquisitivo.

—Así es— respondí rápidamente, mostrando una sonrisa profesional. —Estamos explorando oportunidades de negocio aquí en Montreal. Nos dijeron que este era el lugar indicado para conocer a las personas adecuadas.

La mujer asintió lentamente, evaluándonos.

—Espero que encuentren lo que buscan. Disfruten del espectáculo.

Cuando se alejó, Cooper murmuró:

—Nos están observando. Mantente tranquila.

El desfile continuó mientras intentábamos identificar más miembros clave del culto. En un momento dado, las luces se atenuaron aún más, y la música cambió a un tono inquietante. El hombre del balcón bajó al escenario acompañado por dos mujeres y tomó el micrófono.

—Damas y caballeros—, comenzó con una voz profunda y carismática, —esta noche no solo celebramos nuestra comunidad, sino también nuestra misión. Cada uno de ustedes es parte de algo más grande, algo que trasciende este mundo.

Mientras hablaba, Cooper aprovechó para deslizarme discretamente un pequeño dispositivo USB.

—Conéctalo al sistema de sonido cuando tengas oportunidad—dijo casi inaudiblemente.

Asentí y me moví hacia la cabina técnica bajo el pretexto de buscar algo en mi bolso. El técnico estaba distraído observando el desfile, lo que me dio la oportunidad perfecta para insertar el USB en el puerto del sistema principal.

Regresé junto a Cooper justo cuando el hombre en el escenario concluía su discurso.

—Esta noche marca un nuevo comienzo para nuestra causa. Que todos los presentes recuerden: estamos unidos por la destrucción.

El aplauso fue ensordecedor, pero mi atención estaba en Cooper, quien verificaba desde su reloj inteligente si el USB había comenzado a transmitir datos al equipo externo de la policía estacionado fuera del teatro.

De repente, una pareja de jóvenes se acercó al bar donde estábamos.

—Me encanta tu vestido—Me dijo una chica sonriendo ampliamente—Y tus zapatos.

—Gracias—Sonreí intentando parecer amable.

—¿Son de por aquí?—Preguntó el chico dirigiéndose a Cooper.

—No, somos de San Francisco.—Respondió Cooper un poco serio.

—¡Genial!—Exclamó la chica mirándonos a ambos—Deberían venir a nuestra fiesta del fin semana. Habrá muchos universitarios. La celebraremos en el sótano de una mansión.

Se acercó a nosotros en un gesto cómplice pero sin bajar la voz.

—Y habrá muchísimas drogas.

Cooper y yo nos miramos rápidamente, un destello de estupefacción cruzó su semblante.

—¿No te parecemos muy mayores como para asistir a su fiesta?—Atajé de manera cortés y amable.

—No, ¿Por qué?—Nos miró a ambos inquisitivamente—¿Cuántos años tienen?

Yo no tenía idea de cuántos años tendría Cooper pero de alguna manera ambos respondimos al unísono.

—Estamos en los treintas.

La chica sonrió más ampliamente.

—Habrá asistentes aún más mayores. No hay inconveniente.

—Pues, si es así nos encantaría—Respondí mirando rápidamente a Cooper encogiéndome de hombros, debíamos mantenernos enfocados en nuestra misión y teníamos que recopilar toda la información que pudiéramos. Él asintió levemente y me sentí con la libertad de decidir por los dos—A ambos nos encantaría asistir.

—¡Maravilloso!—La chica rió pegando un respingo.—Vengan con nosotros.

Antes de seguirlos hacia una sala privada detrás del escenario Cooper me susurró al oído.

—Mantente alerta.

La tensión era palpable mientras entrábamos en una habitación decorada con símbolos aún más perturbadores y velas encendidas por todas partes

Los jóvenes nos dieron un par de sobres con las invitaciones que personalizaron con los alías que habíamos elegido para la misión; Cooper era Harry y yo era Brittany.

—Continuemos investigando.

Asentí y nos dirigimos hacia un grupo que conversaba animadamente. Las risas y los murmullos llenaban el aire, pero en mi interior, la tensión crecía. Un hombre de cabello corto y barba bien cuidada se encontraba entre ellos, y su porte era dominante. Era el tipo de persona que podía influir en los demás solo con su mirada.

—¿Te gustaría unirte a nosotros?—preguntó una mujer rubia de labios pintados de rojo, sonriendo de manera seductora. —Estamos aquí para celebrar algo grande.

—Claro, ¿qué es lo que celebran?—respondí, tratando de sonar casual.

—La liberación—dijo el hombre de barba, acercándose. Su voz era suave, pero había un matiz amenazante. —Esta noche, estamos apoyando a aquellos que buscan liberarse de la opresión del mundo. El pastor nos guía hacia la verdad.

Me sentí incómoda. Sabía que el "pastor" al que se referían no era más que un manipulador que se aprovechaba de las vulnerabilidades psicológicas de las personas. Cooper hizo un gesto sutil, indicando que teníamos que seguir moviéndonos.

Mientras nos alejábamos, escuché fragmentos de conversaciones sobre rituales, promesas de poder y la necesidad de "sacrificios" para alcanzar la iluminación. Era evidente que el culto estaba utilizando este evento como un medio para atraer a más seguidores, disfrazando sus verdaderas intenciones bajo la apariencia de una causa benéfica.

—Necesitamos encontrar a ese pastor—susurré a Cooper mientras nos dirigíamos hacia la parte trasera del teatro. —Podría ser el momento de actuar.

—No aún—respondió Cooper, su mirada enfocada en la pasarela. —Primero debemos asegurarnos de que esté aquí.

En ese instante, las luces se atenuaron y un foco iluminó la pasarela. El murmullo de la multitud se volvió un clamor de excitación. La figura de otro hombre apareció en el escenario, vestido con un traje oscuro y una camisa blanca. Su actitud era magnética y carismática, y la multitud lo aclamaba como si fuera una celebridad.

De repente, las luces parpadearon y la música se detuvo. La multitud se aglomeró alrededor de mí, aprisionándome. En el escenario, el hombre levantó la mano, pidiendo silencio. La multitud se calló, expectante.

—Hoy no solo celebramos la belleza de nuestras mujeres—comenzó, su voz resonando en el teatro—. Hoy reafirmamos nuestra misión con la comunidad. Pero también necesitamos que ustedes, nuestros fieles, sean parte de algo más grande, algo más destructivo, algo que cambiará el mundo tal como lo conocemos.

Mientras hablaba, sentí un escalofrío recorrerme. Su discurso estaba cargado de insinuaciones, y la forma en que miraba a la audiencia era casi hipnótica. Era el momento que estábamos esperando, la oportunidad de descubrir más sobre sus verdaderas intenciones.

—Debemos eliminar todo lo que se interponga en nuestro camino.

Mi corazón se aceleró al escuchar sus palabras. Tenía que reportar esto a Cooper. Me volví hacia la esquina donde él había estado, pero su figura ya no estaba a la vista. La sensación de desasosiego creció en mí, mientras intentaba mantener la calma.

—¿Qué piensas de este evento?—preguntó uno de ellos, con un tono que revelaba una mezcla de admiración y temor.

—Es una oportunidad para atraer más personas a nuestra causa—respondió el otro, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. —El pastor sabe cómo jugar sus cartas.

Decidí que era hora de actuar. Debía encontrar a Cooper y compartir lo que había escuchado. Con cuidado, me abrí paso entre la multitud, tratando de mantener la compostura mientras el pastor continuaba hablando. Al llegar a la parte trasera del teatro, mi corazón se hundió al ver que Cooper no estaba allí.

—¿Dónde está?—me pregunté, sintiendo el nudo de preocupación crecer en mi estómago.

Decidí que tenía que seguir investigando. Mientras tanto, el pastor cerró su discurso con un llamado a la acción, invitando a todos a unirse a él detrás del escenario para discutir cómo podían ayudar aún más a la causa. La multitud estalló en aplausos, y la tentación de seguirlo era evidentemente irresistible para ellos.

Con determinación, me dirigí hacia el backstage, dispuesta a descubrir la verdad detrás de la fachada del culto. Tenía que encontrar a Cooper y juntos desentrañar el misterio que rodeaba al pastor y su oscuro propósito.

El bullicio del público se desvaneció detrás de mí cuando crucé al área trasera del teatro. Las luces parpadeantes y la música pulsante eran reemplazadas por un murmullo de voces y un ambiente cargado de tensión. La adrenalina me recorría mientras me adentraba en el laberinto de pasillos y camerinos, buscando respuestas y, sobre todo, a Cooper.

Las paredes estaban adornadas con carteles publicitarios de eventos pasados, una mezcla de glamour y decadencia que reflejaba la dualidad del lugar. El aire estaba impregnado con el aroma de maquillaje y el sudor de la emoción reciente. Mientras me movía con sigilo, escuché fragmentos de conversación que resonaban en la penumbra.

—No podemos dejar que se interpongan en nuestro camino—dijo una voz profunda. Era un tono autoritario, uno que no dejaba lugar a la duda.

—El pastor tiene grandes planes—respondió otra voz, con un tinte de preocupación. —No podemos arriesgarnos.

La inquietud se apoderó de mí. Sus palabras parecían insinuar un nivel de organización y estrategia que iba más allá de lo que habíamos anticipado. Me acerqué a la esquina del pasillo, donde dos hombres de aspecto rudo se encontraban en una conversación acalorada. Sus miradas eran intensas, y su lenguaje corporal delataba una urgencia que no podía ignorar.

—Necesitamos mantener a todos acorralados—dijo el primero, su rostro iluminado por la luz tenue de un foco cercano. —Ya hemos perdido a algunos, no podemos permitir que eso vuelva a suceder.

Decidí que era el momento de actuar. Con cuidado, retrocedí unos pasos y busqué un lugar donde pudiera observar sin ser vista. Encontré una pequeña apertura entre las cortinas del telón, justo al lado de una mesa de catering. Desde allí, podía ver más claramente lo que sucedía.

Los hombres continuaron hablando, y pude distinguir la figura del pastor en el fondo, rodeado de un grupo de seguidores. Su expresión era de confianza y absoluta arrogancia. La conversación se tornó más intensa, y pude escuchar fragmentos que me hicieron estremecer.

—La próxima fase debe ser perfecta. No podemos dejar que el alcalde se interponga—dijo el segundo hombre, mirando fijamente al pastor.

—No se preocupen, estamos coordinando un nuevo ataque—respondió el pastor, su voz suave pero firme.—Este es solo el comienzo.

Mis instintos me decían que debía obtener más información. Con el corazón latiendo en mi pecho, decidí acercarme un poco más, manteniéndome en las sombras. A medida que me acercaba, escuché el sonido de pasos detrás de mí. Giré rápidamente, preparada para enfrentar cualquier cosa, pero era solo un grupo de modelos que se dirigían a una sala de descanso.

—¿Sabes dónde están los baños?—pregunté en voz baja a una de ellas, que parecía más relajada que las demás.

—No, pero creo que están cerca del salón principal—respondió la modelo, sin prestarme demasiada atención.—Si necesitas algo, ahí es donde están los organizadores.

Agradecí y me dirigí al salón principal donde seguía aglomerada la multitud, sintiendo que cada paso me acercaba más a la verdad. La atmósfera era de tensión y emoción, pero no vi a Cooper.

—¿Puedo ayudarla?—preguntó una mujer de ojos verdes, mirándome curiosamente.

—Estoy buscando los baños—mentí, intentando sonar convincente.

La mujer frunció el ceño, pero antes de que pudiera responder, escuché pasos detrás de mí. Me giré y allí estaba Cooper, con una expresión de alivio en su rostro.

—¿Dónde has estado?—me preguntó, acercándose rápidamente.

La mujer hizo un gesto con la mano  y se apartó de mí, alejándose entre la multitud.

—Estaba escuchando a algunos miembros del culto. Tienen planes que involucran al alcalde—dije, tratando de mantener la calma a pesar de la urgencia en mi voz.

—¿Qué has escuchado?—preguntó Cooper, su atención completamente centrada en mis palabras.

—El pastor está planeando algo grande y destructivo, algo que implica una mayor manipulación de la comunidad. Dijo que no pueden dejar que el alcalde se interponga en sus planes—le expliqué, sintiendo la presión aumentar.

—Eso es grave—respondió Cooper, su expresión indicaba que estaba pensando rápidamente. —Debemos informar al agente Dawson y a la policía local. Pero primero, necesitamos más pruebas.

Justo en ese momento, el sonido del micrófono del pastor resonó a través de los altavoces, llamando a la audiencia a unirse al evento en un círculo de discusión. La multitud comenzó a desplazarse hacia el escenario, atraída por la promesa de revelaciones y secretos.

—Es nuestra oportunidad—dijo Cooper, tomando mi brazo. —Debemos entrar en esa reunión y escuchar lo que se dice.

Con determinación, nos unimos a la multitud y comenzamos a avanzar hacia el escenario. La atmósfera se volvía cada vez más intensa, y la energía en la sala era palpable. El pastor, con su carisma desbordante, estaba a punto de hablar nuevamente.

—Hoy estamos aquí para unirnos, para acercar nuestra comunidad y prepararnos para lo que viene—dijo, su voz resonando con poder. —Aunque quieren desintegrarnos no podemos parar, no ahora.

Mientras hablaba, miré a mi alrededor, observando las reacciones de los asistentes. Algunos parecían cautivados, mientras que otros mostraban signos de inquietud. Era evidente que el pastor tenía un dominio hipnótico sobre sus seguidores.

—Debemos estar preparados para lo que venga—continuó, su mirada fija en la multitud. —Es hora de que tomemos medidas, de que hagamos sentir nuestra venganza.

Cooper y yo intercambiamos miradas, comprendiendo que estábamos en medio de algo mucho más serio de lo que habíamos imaginado. La tensión en el aire era abrumadora, y sabía que teníamos que actuar con rapidez. Este lugar era una locura.

—Vamos a escuchar lo que planea antes de hacer cualquier movimiento—susurró Cooper, mientras nos acercábamos un poco más, manteniendo la discreción.

Con cada minuto que pasaba, el ambiente se volvía más opresivo. El pastor comenzó a delinear sus ideas sobre la comunidad, pero había algo en su discurso que sonaba alarmantemente parecido a un llamado a la acción y a la destrucción. La idea de que estaban planeando algo que podría amenazar la seguridad de la ciudad era inquietante.

El grupo se aglomeró en torno al pastor, y cuando terminó de hablar, lo aclamaron con entusiasmo. Era el momento perfecto para infiltrarnos en la conversación y obtener más información, toda la que pudiéramos.

—Vamos—dijo Cooper, guiándome mientras nos movíamos hacia el centro del grupo. La oportunidad estaba frente a nosotros, y teníamos que aprovecharla antes de que se desvaneciera.

Mientras nos acercábamos, el pastor sonrió, su mirada encontrándose con la nuestra. No sabía quiénes éramos, pero el magnetismo que irradiaba era innegable. En ese instante, comprendí que estábamos a punto de adentrarnos en el corazón de un misterio mucho más profundo y aterrador de lo que jamás habíamos imaginado.

La multitud se agitaba a nuestro alrededor, y la energía del evento era casi palpable. Cooper y yo nos manteníamos al borde del grupo, observando cada movimiento del pastor mientras hablaba de libertad, destrucción, comunidad y la importancia de “unirse contra los enemigos”. La forma en que se comunicaba era astuta, claramente diseñada para incitar a la acción sin revelar demasiado de sus verdaderas intenciones.

—¿Puedes escuchar eso?—susurró Cooper, inclinándose hacia mí. —Está apelando a la pasión de la gente. Esto no es solo un desfile de lencería; es una movilización.

Asentí, sintiendo el peso de lo que decía y su significado. La manipulación psicológica era un arma poderosa, y el pastor estaba utilizando todas sus habilidades para atraer a más seguidores a su causa. A medida que la multitud aclamaba su discurso, me di cuenta de que teníamos que encontrar una manera de obtener pruebas concretas de lo que realmente planeaba.

El pastor continuó su discurso, mencionando la importancia de la disposición y cómo cada contribución contaba. En ese momento, se volvió hacia la multitud con una mirada intensa.

—Esta noche, no solo es una recaudación de fondos; es un llamado a la acción. Quiero que todos ustedes se unan a mí, no solo con sus donaciones, sino también con sus vidas. Vamos a  crear una red que cambiará el curso de nuestra comunidad y del mundo y nada podrá detenernos.

Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Había algo inquietante en sus palabras, una insinuación de que había un plan más grande en marcha y ya me había dado cuenta de que nada bueno podría salir de este culto. Cooper y yo teníamos que actuar rápido.

—Debemos infiltrarnos en la conversación—dijo Cooper, su mirada fija en el grupo que rodeaba al pastor.—Si podemos conseguir que alguien nos confíe más información, tal vez podamos descubrir de qué se trata realmente este “movimiento”. Aunque ya es demasiado obvio.

Con un asentimiento, decidí seguir su liderazgo. Nos acercamos al pastor, moviéndonos con confianza a través de la multitud. En ese instante, un grupo de seguidores se acercó al pastor, y aprovechamos la oportunidad para unirnos a ellos, presentándonos como nuevos interesados.

—¿Qué les trajo aquí esta noche?—preguntó una mujer de cabello rubio con algo de sobrepeso, y con una gran sonrisa en su rostro.

—Escuchamos sobre el evento y queríamos ver de qué se trataba—respondí, tratando de sonar entusiasta. —La causa suena increíble.

La mujer asintió, satisfecha con nuestra respuesta. Cooper intervino rápidamente.

—Sí, el pastor tiene una forma increíble de conectar con la gente. Estamos interesados en conocer más sobre cómo podemos involucrarnos.

A medida que la conversación se desarrollaba, el pastor se unió al grupo, ofreciendo su carisma y su energía. Sus ojos centelleaban de forma sombría mientras hablaba de la importancia de la gente y de la disposición que podían encontrar en su comunidad. Era evidente que quería que todos compartieran sus planes, y era el momento perfecto para obtener más información.

—¿Y cuál es el siguiente paso?—preguntó Cooper, manteniendo su tono casual. —¿Cómo podemos ayudar a llevar esto al siguiente nivel?

La mujer sonrió, satisfecha con la pregunta.

—Estamos organizando un encuentro privado la próxima semana, donde discutiremos estrategias y cómo podemos hacer frente a aquellos que se interponen en nuestro camino. Estoy convencida de que ustedes tienen mucho que aportar.

Mi corazón se aceleró. Esta era la oportunidad que necesitábamos para infiltrarnos más profundamente en su red y descubrir sus verdaderos planes. Pero teníamos que ser cautelosos; no podíamos levantar sospechas.

—Nos encantaría asistir—dije, manteniendo una fachada de interés genuino. —¿Cómo podemos obtener más detalles?

—Perfecto—respondió la mujer, con una sonrisa que escondía más de lo que revelaba. —Déjenme tomar sus números de contacto. Estaré en contacto para proporcionarles la información.

Mientras le dábamos nuestros números, me di cuenta de que esto podía ser el hilo del que tirar para desentrañar toda la tela de engaños que rodeaba al culto. Sin embargo, había una sensación de peligro en el aire. Los seguidores parecían dispuestos a proteger al pastor a toda costa.

—No olviden que esto es solo el comienzo—continuó la mujer, mirando a su alrededor con una intensidad que hizo que mi piel se erizara.—El verdadero poder de destrucción de nuestra comunidad se revelará pronto.

Después de un par de intercambios más, Cooper y yo nos retiramos lentamente de la multitud, asegurándonos de no parecer demasiado obvios. A medida que nos alejábamos, nuestras miradas se encontraron, y ambos supimos que estábamos en un terreno peligroso.

—Necesitamos regresar al hotel y relatarle esto a Dawson—dijo Cooper, con un tono grave.—No podemos dejar que esto se salga de control.

Asentí, sintiendo la urgencia de la situación. Mientras nos dirigíamos hacia la salida, un grupo de seguidores se acercó a nosotros, y no pude evitar sentir que estábamos siendo observados. La paranoia comenzaba a apoderarse de mí.

—¿Estás bien?—preguntó Cooper al notar mi inquietud.

—Sí, solo creo que deberíamos ser más cautelosos—respondí, tratando de mantener la calma.—No quiero volver a llamar la atención.

Finalmente, logramos salir del teatro y nos dirigimos hacia el estacionamiento. La noche era fría, y el aire fresco me despejó la mente, aunque la preocupación seguía acechando. Una vez en el automóvil, comenzamos a repasar todo lo que habíamos conseguido.

—¿Dónde estuviste durante todo ese rato? Te busqué como loca y el auricular no funcionaba.

—Conseguí esto—dijo, mostrándome un libro sombrío de tapa dura y un montón de folletos.—Esta es una biblia satánica de LaVey. Me dijeron que estaba a 50% de descuento, y estos son sobre el culto. Tienen grandes programas de enseñanza: cómo promover una pandemia, cómo disolver un poder político, 50 pasos para colapsar los sistemas económicos y financieros, cómo hacer de las manifestaciones nuestro puño y fuerza, cómo despertar tu avaricia y codicia interna, la vida a cambio del dinero, anarquía sangrienta, 100 rituales para ganar certámenes de belleza, 50 formas de intervenir, vulnerabilizar y colapsar sistemas de salud, educación, deportes, transporte, energía, etc.

—Esto es una locura.—Corté incapaz de poder escuchar un poco más.

—Una absoluta demencia. Es tan caricaturesco que solo falta la liga de villanos compitiendo por dominar el mundo.

—¿Qué hay de las leyes contra el terrorismo aquí en Montreal?

—Si fueran estrictas, este culto demencial no estaría aquí organizando un evento de lencería con mujeres que eran modelos o prostitutas, o ambas cosas. Estamos aquí porque el agente especial encargado Dawson nos asignó a este caso. Montreal no es nuestra jurisdicción. Sería lo mismo que nos enviara a México, República Dominicana o Brasil. No es nuestra responsabilidad.

—Somos todo lo que tiene. Si no cerramos el caso responsablemente, esto podría tener consecuencias muy graves. Alguien como el agente Dawson no se lo perdonaría. Es cuestión de honor, profesionalismo y sentido del deber.

Cooper suspiró con frustración mientras se restregaba los ojos con los dedos.

—Lo sé—dijo cansado.—Sé que somos el FBI, pero tal vez no deberíamos intentar llevar sobre nuestras espaldas el peso del mundo.

—Entiendo lo que quieres decir—dije, intentando ser empática y comprensiva.—Yo no esperaba nada más, desde el comienzo sabía que esas mujeres no tendrían más final que la cárcel o la muerte, y es que eso es lo único que puedes esperar cuando tienes la justicia de tu parte.

—O un centro psiquiátrico.

—O un centro psiquiátrico—afirmé.

—El sujeto que iba a escapar con ellas, el que les brindaba recursos y apoyo logístico, después de ser detenido, me dijo el agente Stevens que sufrió un colapso mental tan violento y severo que temían que fuera a elegir el mismo camino que Catalina. Ha sido recluido en una cámara de máxima seguridad en un centro psiquiátrico. Las evidencias que encontraron sobre sus crímenes son profundamente repugnantes, pero solo va a pudrirse en un centro psiquiátrico por su salud mental.

—Y ahora aquí estamos—sonreí sin emoción.—En Montreal, ante una organización terrorista mejor organizada que nosotros y con células peligrosas que podrían no solo tener notoriedad en Canadá, sino también en América Latina.

—Me parece que son la antítesis de la ley y el orden. Enseñan sobre deshacer las estructuras de gobierno, entidades, sistemas e institucionalidad tal como las conocemos y cómo crear caos y destrucción en su lugar. Muestran hambre y sed por liberación y por deshacerse de la opresión que hay en el mundo...

—¿Crees que son capaces de lograr sus objetivos?

—En realidad, creo que están locos.

—¿Pero eso no sería beneficioso para combatir tiranías, dictaduras y regímenes autoritarios?—pregunté pensativa, aún procesando lo que acababa de decir.

—¿Pero a qué precio? Esta gente cree que sus miembros son desechables y descartables. Mientras el dinero fluya de manera ininterrumpida desde sus carteras hacia sus bolsillos, para ellos son útiles; desde otra perspectiva, serían solo marionetas.

—¿Te refieres a que no merece la pena el caos y la destrucción que podrían causar, solo para deshacerse de un gobierno que tal vez no sea de su agrado?

Cooper se encogió de hombros.

—Pues la historia misma nos confirma que hay personas dispuestas a dar su vida por un ideal similar y, al fin y al cabo, no lo consiguen.—Alargó su brazo detrás de mi asiento, rodeándome, e instintivamente me aparté hacia la puerta del automóvil; estaba demasiado inspirado.—¿No te has preguntado nunca por qué pasan los años y algunos gobiernos autocráticos permanecen intactos, aunque les sobreabunden los intentos de desestabilizarlos y derrocarlos solo por el descontento popular que causan por sus políticas? Tal vez sea por una fuerza sobrenatural o algo divino.

—Te ha inspirado la biblia satánica, ¿cierto?—pregunté sonriendo, disimulando mi preocupación.

Cooper se rió y retiró su brazo de mi asiento.

—Solo mantengamos el enfoque en el caso—dije sonando despreocupada, seria y relajada.—Como has dicho, esta no es nuestra jurisdicción, y Dawson lo dejó claro. En el mejor de los casos, este culto terrorista no es asunto nuestro, ni del FBI, ni de los Estados Unidos, sino de Canadá y de los países de América Latina donde tengan conexiones. Tengamos prioridades; no somos mártires y no tenemos por qué cargar con el peso del mundo.

—Tienes toda la razón—dijo Cooper, encendiendo el automóvil y cambiando de tema, agregó:—Considerando que tenemos varias invitaciones, el encuentro privado con la gente del culto podría ser nuestra mejor oportunidad para investigar más. Pero necesitamos un plan de contingencia; no sabemos a quién más podría involucrar el pastor en todo esto.

—Podríamos solicitar aún más apoyo adicional de la policía local—sugerí.—Si hay más personas involucradas, es mejor actuar con precaución y no llamar la atención.

Mientras conducíamos por las calles de Montreal y nos acercábamos al muelle Alexandra por las orillas del río San Lorenzo, la luna creciente se alzaba en el horizonte en un resplandor refulgente que iluminaba el cielo nocturno. Los vehículos en los que se movilizaban discretamente los detectives y los oficiales locales encubiertos se desplegaron detrás de nosotros, siguiéndonos. Debíamos intercambiar detalles logísticos, tácticos y estratégicos y ponernos de acuerdo para coordinar nuestros próximos movimientos. Sin embargo, para nosotros, la realidad era mucho más oscura. Teníamos una organización corrupta, criminal y terrorista operando en la ciudad con cientos de miembros, y mientras representaran una amenaza para la vida de los civiles, no podíamos permitir que sus planes destructivos prosperaran.
© Luu Herrera ,
книга «DECEMBER 11».
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